Un alma perdida
surge de la nada,
susurrando acerbo y
siniestro cantar,
Sugiere ternura
buscando el olvido,
sus ojos anhelan
lo que no tendrán.
¡Pon fin a tu hastío,
marchita princesa,
que el mundo perdona
tu fiel voluntad!
Que el triste rechazo
del hombre al que amas
ya nunca recabe
tu sueño turbar.
En tanto la vida
te ofreció amargura,
lo que hay en tu mano
te ofrece un final;
la daga dorada
que cegada empuñas
puede así a tu espíritu
dar libertad.
Que horadado el pecho
por tu propia mano,
finalmente suya
descanses tranquila;
y en un aún caliente
manto de rubíes
reposes por fin,
mi dulce Pamina.
(2011)
(2011)
No hay comentarios:
Publicar un comentario