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La máscara siempre gana


Quién te ha visto y quién te ve.
Presumes de transparencia,
la cabeza alta, tu vida controlada,
¿las cosas son lo que parecen?
¡Mentiras!
¿Crees que eres feliz?
Sigue así, engáñate a ti mismo,
continúa pensando que eso es vivir.
¡Falso!
¿Acaso no lo ves?
Día tras día, segundo tras segundo,
lo que un día fue de cristal;
tus palabras, tu forma de actuar,
¿en qué se han convertido?
¿en qué lo has convertido?
Qué pena me das.
Esa capa que recubre tu rostro,
en la que confías, vana esperanza,
crees que te protege del exterior.
¡Iluso!
¿Recuerdas el día que todo cambió?
Trataste de olvidarlo, trataste de ignorarlo,
fingías que volviste a la normalidad.
Realmente, realmente me das pena.
Pero diga lo que diga, haga lo que haga,
siempre continuarás igual.
¡Vamos! ¡Sálvate a ti mismo!
Nada más puedo hacer por ti.
¿Cuánto tiempo vas a aguantar?
El tiempo corre, el reloj se oxida,
escucha su rítmico sonido,
al igual que un día sonó tu corazón.
Ese corazón que ocultas en la oscuridad,
junto con todo lo demás.
Esa oscuridad que se creó, que apareció
cuando tapaste la última rendija,
el último rayo de sol que entraba,
que entraba tras esa máscara,
esa máscara tantas veces odiada,
tantas veces maldita por el ser humano,
pero que muchos, al igual que tú,
han hecho voluntariamente su prisión.
Máscara de hierro.
Máscara de hielo.
¡Al fin te diste cuenta!
La palpas con tus manos desnudas,
compruebas si de verdad está allí.
¡Era cierto! Ahí está, sobre tu rostro,
sobre tus mejillas surcadas de lágrimas,
sobre tus labios cosidos de no hablar,
sobre tu corazón dormido de no sentir.
La sujetas con firmeza, cuentas hasta tres.
Uno...
Notas su tacto suave, la sonrisa dibujada en ella.
Dos...
Comprendes que lo que creías tu interior,
no era más que aquellos dibujos engañosos.
Comprendes que lo sabías desde el principio.
No quisiste aceptarlo por tu propio temor.
¡Tres!
Tiras de la máscara con la fuerza que te queda.
Y la consigues arrancar.
¡Dolor!
¡Sufrimiento!
¡Soledad!
¡Desesperación!
Todos los sentimientos ocultos en ti
de pronto cobran vida y salen a la luz.
Tratas de sonreír,
pero no recuerdas cómo.
¿Cuánto tiempo habrá pasado?
No te importa. Respiras aliviado.
Miras la máscara...
Tu grito es desgarrador,
al descubrir la piel de tu cara,
tu mirada, tus labios...
todo lo que un día mostraste.
Lo has arrancado de ti.
¿Por qué?
¿Por qué?
Te lo avisé. Recuerda que te lo avisé.
Cuando aíslas la realidad de lo real,
cuando pones la barrera de la falsa felicidad
de la máscara salida del infierno,
luego no puedes volver atrás.
O todo, o nada.
Ahora ya no eres un fantasma.
Los otros te miran al pasar,
pero sus caras solo reflejan el horror,
ese horror que tú mismo creaste.
Sinceramente, me esperaba este final,
puesto que ya no hay esperanza.
Has perdido todo, la culpa solo ha sido tuya.
¿La máscara? ¿Echas la culpa a la máscara?
¡Necio!
La creaste tú. Solo tú.
Cobró vida y te esclavizó.
El dolor, el no querer saber, la desesperación,
se apoderan del cuerpo y la mente,
pero para protegerse crean una falsa barrera
con la sonrisa dibujada.
La voluntad finalmente doblegada.
La máscara ha ganado.
La máscara siempre gana.

(2008)

Cuántas almas se han perdido

Cuántas almas se han perdido
en éste infinito mar,
condenadas al silencio
y a sin rumbo navegar,

no sabiendo su destino,
si hay principio, si hay final,
o razones, o porqués,
o si nunca acabarán.

Cuántas almas se han perdido
en este infinito mar
todo dudas, todo llanto,
sin una oportunidad.

Este mar que es el infierno.
¿O es la vida? Ni lo sé.
Sufres, y no te permite
aún el horizonte ver,

hasta que ya no hay salida,
caes al agua sin querer.
y te ahogas lentamente
en tu propia, amarga hiel.

Ya no habrá más golondrinas
ni sus nidos colgarán,
y no habrá ya más camino
ni hacer camino al andar.

Nunca más clamará al cielo
don Félix de Montemar,
ni el que llaman "el Temido"
sus velas desplegará.

Esto es triste pero cierto,
que efímera es la alegría,
que no es más que un espejismo,
que la realidad es fría.

Todos estamos inmersos,
veas o no quieras ver,
aprovecha lo que tienes
porque lo vas a perder.

Cuántas almas se han perdido
en éste infinito mar,
condenadas al silencio
y a sin rumbo navegar,

no sabiendo su destino,
si hay principio, si hay final,
o razones, o porqués,
o si nunca acabarán.

(2008)