El Universo. Un Universo inmenso, hay quien dice que infinito. Y con él el espacio, el tiempo...el kosmos. Y en cada región de ese espacio, miles de galaxias. Y en cada galaxia, millones de estrellas. Y en algún lugar de una de esas galaxias, Ella. Ella solo era una más. Una estrella pequeñita, joven, que observaba cómo las Gigantes Rojas destellaban con un brillo cegador, cómo competían entre ellas para ver cuál era la más abrasadora, la más reluciente...cómo luchaban por destacar en aquel paisaje de constelaciones.
Sus años de vida habían estado plagados de fenómenos que la marcaron para siempre. A su corta edad ya había perdido la cuenta de las nebulosas que trataban constantemente de ocultarle la realidad que existía más allá de su entorno. También estaban los siempre presentes meteoritos, esos fragmentos de gran dureza que intentaban golpearla, y frente a los cuales Ella tenía un arma infalible: su calidez, con la que lograba convertir esa molesta metralla espacial en polvo. Más el verdadero peligro...eran otras estrellas. Esas Supernovas que la habían cautivado con su explosión lumínica, para luego siempre acabar transformándose en agujeros negros, en abismos que trataban de engullirla con ansia. Pero Ella siempre había logrado escapar, y esas experiencias sólo habían conseguido hacerla más fuerte.
Con todo, seguía sintiéndose extraña, falta de algo...incompleta. Hasta que un día, quién sabe por qué razón, se decidió a dejar a un lado paisajes y horizontes, a mirar más cerca de sí. ¿Qué encontró? Pequeños cúmulos de roca y gas que giraban a su alrededor al son de una extraña danza elíptica, como bailarinas aferradas a la misma, eterna coreografía, como agujas de un reloj que marcaba impasible el paso de los años, los siglos...los eones. Y en una de ellas vio algo que la dejó estupefacta...
Vio injusticia y hasta dolor. Vio pasiones...y vio amor. Colores. Vida. VIDAS.
Comprendió entonces que, aunque tenue e insignificante entre tantos y tantos astros, Ella era importante, de Ella dependía más de lo que pudiera llegar a imaginar. Era su luz, era su aliento...su abrazo...lo que hacía que muchas vidas fueran posibles. Ella era una de las piezas clave de un puzle que creaba las más bellas imágenes.
Y al fin se sintió feliz. Ella. El Sol.
(2012)
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